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En el marco del Plan Integral de Reparación Colectiva, PIRC, la Unidad para las Víctimas concluyó la formación de jóvenes líderes espirituales para miembros de la comunidad Embera Chamí, ubicados en el resguardo Honduras en zona rural de Florencia, Caquetá.

Yhina Paola Lombana López, directora territorial de la entidad, explicó que estas acciones hacen parte de la medida de satisfacción dentro del proceso de reparación colectiva de esta comunidad con participación especial del jaibaná e instructores de música, danza tradicional y pintura provenientes de Risaralda, donde se concentra la mayor cantidad de esta población indígena.

“Venimos acompañando al pueblo indígena embera chamí en un proceso que busca que esta comunidad no pierda su herencia ancestral en articulación con la Organización Internacional para las Migraciones, OIM, y la Agencia de Renovación del Territorio, ART”.

Con este tipo de ejercicios, los miembros de la comunidad se fortalecen en su capacidad de influir, motivar, organizar y llevar a cabo acciones para lograr sus objetivos personales y grupales en el marco de los valores asociados a su espiritualidad.

Durante la jornada, se les ayudó a identificar a las personas que continuarán con la formación para llegar a ser jaibaná, cuya influencia trasciende a todo el quehacer de los embera en la medida en que no solo curan a las personas con ayuda de los espíritus y las plantas medicinales, sino también la tierra al limpiarla de plagas y llamando con cánticos a la fertilidad.

Liliana Isama, integrante de la comunidad, recordó que ésta es una forma de aportar a la renovación generacional, promoviendo la medicina ancestral y demás aspectos asociados a su cultura como la danza, la música, el vestuario y la pintura.

En una estrategia conjunta, la Unidad para las Víctimas, la Defensoría del Pueblo, la Alcaldía de Florencia y el Ministerio del Interior desarrollaron el tercer seguimiento al Plan Integral de Reparación Colectiva, PIRC, del resguardo indígena Nasa We'sx Kiwe La Gaitana, ubicado en la vereda El Vergel del municipio de Florencia.

Así lo anunció la directora territorial de la Unidad en Caquetá, Yhina Paola Lombana López, quien resaltó la construcción y dotación de la Casa de Pensamiento Nasa, la implementación de un proyecto de fortalecimiento organizativo y dos más de especies menores y mayores.

“Otra de las acciones importantes son fortalecimiento en la elaboración de artesanías como mecanismo de generación de ingresos y la entrega del recurso económico correspondiente al pago de la indemnización colectiva por un monto de 256 millones de pesos”.

Agregó que aún falta la construcción de un polideportivo y un centro de acopio; la capacitación del SENA en confección de prendas y manejo de máquinas planas; formación en danzas y música y la respectiva entrega de trajes e instrumentos tradicionales.

“Esta comunidad está en camino de recuperación cultural con el objeto de lograr su pervivencia ancestral conservando sus ritos, costumbres, medicina, tradiciones y medios de producción”.

Durante el encuentro, representantes del cabildo Nasa pusieron sobre la mesa la necesidad de continuar con las medidas de indemnización, ayuda humanitaria, rehabilitación, restitución y garantías de no repetición para esta comunidad.

Por su parte la Secretaría de Salud Municipal aprovechó el espacio para invitar a las comunidades indígenas a que accedan al proceso de vacunación contra el COVID – 19.

Ninfa Herrera Domínguez ha encontrado en el emprendimiento gastronómico la manera más eficaz para proteger la cultura de su pueblo Murui Muina o Uitoto en Caquetá. Ella y su familia llegaron desde su resguardo, ubicado en el municipio de Solano y que colinda con el Amazonas, hasta la capital del departamento, desplazados por la violencia.

Por su cultura, siempre estuvo interesada en participar en las reuniones de la región para trabajar en favor de las comunidades e, incluso, llegó a convertirse en gobernadora indígena y constituir, en el municipio de La Montañita, su propio cabildo, el cual fue denominado K+g+fene Murui Muina o ‘Gente de Centro’.

Allí cimentó la creación de un emprendimiento gastronómico para proteger su pasado: un restaurante en el que prepara comidas ancestrales, muestra artesanías típicas de su pueblo y que funciona en Florencia.

El Espacio Cultural Ancestral y Gastronómico, nombre de su negocio, se caracteriza por ofrecer una atención especializada a sus clientes, nacionales y extranjeros, haciéndoles una pedagogía sobre su pueblo, explicando los ingredientes de esta cocina que Ninfa se propuso rescatar con la ayuda de su familia, principalmente de su hija Valeria, quien administra este negocio.

“Mi objetivo es llevar nutrición como una misión para cuidar la vida desde lo que se consume”, explicó Herrera Domínguez.

Como ella, más de 4.000 emprendedores y microempresarios 74% mujeres, ubicados en 76 municipios afectados por la violencia y la pobreza, hacen parte del programa Empropaz, liderado por Bancamía y USAID, y a través del cual han recibido formación especializada para el emprendimiento y fortalecimiento empresarial, así como acompañamiento para el desarrollo social y comunitario.

En una jornada articulada con la Dirección de Asuntos Indígenas ROM y Minorías del Ministerio del Interior, la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas en Caquetá desarrolló la tercera jornada de Seguimiento al Plan Integral de Reparación Colectiva del Resguardo Honduras en zona rural de Florencia.

Yhina Paola Lombana López, directora territorial de la entidad, señaló que en cumplimiento de lo acordado en las jornadas previas con el pueblo embera, se hizo revisión a las medidas implementadas y otras pendientes de ejecutar.

“Se pudo constatar a través del trabajo efectuado, que se han fortalecido las prácticas culturales asociadas a la salud física, además del pago de la indemnización colectiva por valor de 215 millones de pesos, recursos que fueron destinados por parte del pueblo embera al apalancamiento de proyectos productivos ganaderos, los cuales han mejorado ostensiblemente su economía autónoma”.

De acuerdo con la funcionaria, otras medidas implementadas tienen que ver con arborización e intercambio de saberes, la asistencia técnica y capacitaciones en temas administrativos fundamentales para garantizar la sostenibilidad de los proyectos que se ponen en marcha en el resguardo y que, a su vez, permiten el fortalecimiento de su gobierno.

“Otra de las dinámicas en las cuales quedó ratificado el compromiso de la Unidad, el Ministerio del Interior y los cooperantes fue la construcción de la cocina comunitaria donde hoy se preparan los alimentos, la dotación de equipos para el almacenamiento y manejo de la información y la formación asistida por el SENA para enseñarles a usar computadores a los integrantes de esta comunidad indígena”.

Al cierre de la jornada, se acordó continuar con la adecuación del tambo colectivo comunitario para fomentar la revitalización de prácticas propias como mingas, palabreos, bailes, reuniones institucionales y demás.

Hasta el resguardo Monochoa de los pueblos indígenas Witoto y Muinane, localizado en el municipio de Solano, sur de Caquetá́ y que tiene una extensión de 417.883 hectáreas, llegaron funcionarios de la Agencia de Renovación del Territorio, ART, para dar a conocer el proyecto ‘Modelos Innovadores de Conservación del Programa Páramos y Bosques’, el cual ejecuta la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID, en esta parte del país.

Dicha visita se realizó en el marco de las diferentes estrategias que se están llevando a cabo para frenar la deforestación en la Amazonía Colombiana; por esta razón, se llegó con la iniciativa de Reducción de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero por Deforestación y Degradación de los Bosques, REDD+, la cual es formulada con comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas y, de esta manera, se invita a las comunidades con territorios con grandes extensiones de bosque natural a que combatan este flagelo y la degradación forestal a cambio de una compensación económica.

Waldemiro Hernández Ortiz, gobernador de la comunidad de Tirivita de Monochoa, explicó que su comunidad siempre ha protegido el bosque.

“Lo consideramos como nuestra madre porque nos brinda alimento, animales, frutas, madera para construir las malocas y leña para cocinar, además de plantas medicinales y oxígeno para vivir. A veces lo lastimamos mínimamente para cultivar nuestra comida en las chacras, pero después se regenera con las siembras que le hacemos”.

Pese al lenguaje complejo que encierra este tipo de proyectos, durante cinco días consecutivos de formación, los indígenas estuvieron atentos y dispuestos a participar en los talleres que estuvieron acompañados por tradiciones como el mambeo, el tabaco y el consumo de productos locales como casabe, fusionando el conocimiento y la visión ancestral con el conocimiento occidental.

Así mismo, por cuenta de la tala y el uso indiscriminado, reconocieron la desaparición de especies forestales como el canelo de los Andaquíes, especie aromática y medicinal, y el Cumare, palma nativa de la Amazonía con usos en la producción de aceite, la industria cosmética, la gastronomía y las artesanías.

“Esta selva está como está porque los mayores nos han transmitido la forma de cómo conservarla, sin ánimo de lucro, esto nos nace del corazón. Queremos cuidarla para Colombia, para el campesino, para nosotros y para el mundo entero. Queremos que el mundo entero, los que no tienen selva, nos cuiden a nosotros para nosotros continuar cuidándola”, puntualizó Heriberto Rodríguez, gobernador de la comunidad Guaymaraya, Resguardo Indígena Monochoa.

La Comisión Nacional de Comunicación de los Pueblos Indígenas, Concip, y Canal Trece estrenan hoy domingo 9 de mayo, a las 8:00 p.m., el capítulo tres de la segunda temporada de la serie documental ‘El Buen Vivir’, realizada en su totalidad por comunicadores indígenas y que presenta historias extraordinarias en lugares sagrados de la geografía ancestral.

Este capítulo, denominado ‘Vivir en Paz’, está dedicado a las contribuciones que los pueblos Korebajü en Caquetá, Pijao en el Tolima e Inga del Putumayo realizan a la concordia y la convivencia pacífica. A pesar de los estragos del conflicto armado, las prácticas cotidianas de estos pueblos se encaminan siempre hacia una mejor convivencia comunitaria.

“Los pueblos indígenas estamos aquí por una razón específica regida por la naturaleza y la ley de gobierno. Vinimos a compartir desde nuestra historia del saber de pensamiento, vinimos a aportar desde la historia milenaria a otro mundo diverso, respetando las circunstancias de la crisis natural, social, económica y política del país. Nos hemos encaminado a trabajar colectivamente, conectados con la naturaleza y de ahí la palabra armonizar y trabajar colectivamente”, explicó Elkin Piranga, autoridad del Pueblo Korebajü.

Esto, según el líder indígena, conlleva a ‘El Buen Vivir’ para generar esperanza en los sueños de jóvenes, mujeres y niños; además, avanzan con resistencia para preservar la memoria histórica de su realidad.

En ese sentido, Javier Jojoa, taita del Pueblo Inga en Putumayo, enfatizó en que para su comunidad es vital vivir en paz porque les permite, como comunidad nativa, mantener vivas sus expresiones culturales, cosmogonía y saberes que han permitido la vida armónica entre el hombre y la naturaleza, el cual ha sido puesto en beneficio de la humanidad.

En la zona de amortiguación del Parque Nacional Serranía de Chiribiquete habitan las comunidades indígenas Coreguaje y Macaguaje, quienes decidieron restaurar los suelos degradados con árboles frutales y maderables.

Limones, uvas caimaronas, guamas, marañones, chontaduros, caimos y otros frutales amazónicos forman parte de estos bosques de comida que empezarán a dar frutos en cuatro o cinco años.

Así lo dio a conocer Sofía Cumaco, una de las coordinadoras del proyecto denominado “Fortalecimiento del gobierno propio, producción y economía para la conservación de los territorios indígenas Coreguaje y Macaguaje” del programa Visión Amazonía del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

“Ya se han sembrado 16.900 árboles en 30 chagras. Cada familia destinó entre una y dos hectáreas para hacer su chagra con la ilusión, a largo plazo, de tener alimentos para compartir en comunidad. Aspiran a seguir teniendo, en 20 años, frutos como el asaí o el milpes para alimentar a los suyos”.

Igualmente explicó que los hombres alistaron el terreno e hicieron los huecos, las mujeres y los niños sembraron los árboles y, juntos, están revisando permanentemente el avance de los arbolitos.

“Aprendieron de monitoreo y miden la altura y el grosor de cada especie con cierta periodicidad, todo con el propósito de augurar alimentos indispensables en la dieta indígena. Recordemos que estas comunidades fueron dotadas con herramientas como palas y dragas, necesarias para las siembras y fueron capacitadas en su idioma para implementar todas las acciones del proyecto”.

Cumaco enfatizó en que incluir a los niños fue una excelente idea porque hay un manejo ambiental dirigido a ellos en esta iniciativa y ellos han estado dibujando cómo quisieran tener su territorio.

Las comunidades Coreguaje y Macaguaje habitan los municipios de Milán y Solano en Caquetá, además de Puerto Leguízamo en Putumayo, hacen uso sostenible de los recursos naturales, conservan su territorio, los bosques, las áreas de protección y son un aliado para evitar la deforestación de la Amazonía colombiana.

Con el objetivo de fortalecer su rol como líderes de la región, 20 mujeres indígenas del pueblo Inga y cinco mujeres campesinas de Solano, sur de Caquetá, crearon un grupo y se autodenominaron ‘Tejedoras Interculturales de la Red Vital Agroambiental del territorio Amazónico Entrerríos’ para, además de compartir un territorio, aprender de los saberes y conocimientos de las otras para lograr un mejor manejo ambiental y social.

Provenientes de las veredas Campo Bonito, Las Palmas y El Porvenir, con responsabilidades familiares similares, pero con conocimientos diferentes, decidieron compartir sus experiencias y encontraron varias cosas en común.

“A través de intercambios de conocimientos buscan mejorar las condiciones de vida de sus familias y su territorio compartido, liderando la protección y conservación de los recursos naturales y de sus tradiciones”, explicó José Yunis Mebarak, coordinador del programa de Visión Amazonia del Ministerio de Ambiente.

Las mujeres Ingas son protectoras de las chagras y guardianas de semillas, mientras que las mujeres campesinas se encargan de cuidar y mantener la cementera (huertas caseras) del lugar.

“Ese rol de cuidar y alimentar es común para ambas culturas, pero diferente en las prácticas de siembra, cultivo y cosecha; por eso, juntas monitorean estas huertas y comparten las experiencias, que les permiten identificar por qué algunos productos no se producen de la misma calidad o tamaño y por qué algunos otros simplemente no se dan”.

En estos intercambios han aprendido los diferentes usos de plantas medicinales y preparaciones diferentes de los mismos alimentos; pero, sobre todo, han adquirido conocimiento para fortalecer la seguridad alimentaria para sus familias.

Frente a este tema, Fanny Jamioy, coordinadora del Área Mujer y Familia en su comunidad y delegada por el Caquetá a la Mesa Indígena de Cambio Climático, explicó que en el Resguardo Niñeras hicieron parte de un proyecto de rescate de semillas tradicionales con Visión Amazonía.

“Yo, sin saber sobre formulación de proyectos, motivé a otras 24 mujeres para que nos presentáramos a la convocatoria de mujeres indígenas y salimos favorecidas. Eso nos demuestra que somos capaces de aprender y prepararnos para mejorar cada día, que nosotras las mujeres estamos llamadas a expresar lo que pensamos y a trabajar por las demás y por nosotras mismas”.

Y es que para Fanny ya es normal hablar en público y tomar la vocería, pero lo que verdaderamente quiere es que todas las mujeres que hacen parte de esta iniciativa se conviertan en líderes ambientales que luchan por sus familias y defienden su territorio de problemáticas como la deforestación.

La comunidad Embera Diosa del Chairá del municipio de Cartagena del Chairá recibió de manos del Ejército Nacional dos computadores para que 20 menores de edad recibieran sus clases como parte de las medidas adoptadas para contrarrestar el avance del COVID – 19 en la región.

El teniente coronel Jason Gómez, comandante del Batallón Especial, Energético y Vial N 19 de la Décima Segunda Brigada, explicó que cada equipo consta de pantalla, teclado, CPU y mouse.

“Llegamos a esta comunidad para beneficiar a 20 menores que no tenían cómo continuar con los procesos pedagógicos diseñados por las instituciones educativas en las que están matriculados, debido a las disposiciones sanitarias decretadas para contener la propagación del Coronavirus”.

Agregó que, a través de una campaña realizada por redes sociales, conocieron que los indígenas pedían apoyo a quienes pudieran donar estas herramientas tecnológicas para mitigar sus necesidades.

“Fue así que, tras la gestión realizada, la Federación Nacional de Comerciantes, Fenalco, le donó al Ejército Nacional los computadores que hoy tienen los menores de esta comunidad”.

 

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